¿Cuál es la actualidad del Amor Eficaz según Camilo Torres para la construcción de la paz en Colombia?


Por Gustavo Pérez Ramírez

Quito, enero, 2017

 

La respuesta a este interrogante requiere reflexionar sobre la naturaleza del amor eficaz, y comprender por qué Camilo le dio prioridad en todas las circunstancias de su vida, inclusive, coherentemente, como justificativo para ingresar a la guerrilla del ELN.

Asimismo debe aclararse el concepto de paz, que se pretende construir genéricamente, dependiente mágicamente del silenciamiento de las armas, sin referencia obligada y explicita a la justicia  social y la equidad.

 

Naturaleza del amor eficaz y su actualidad

Estas dos emblemáticas palabras constituyen la síntesis del legado fundamental de carácter  socio-religioso del sacerdote Camilo Torres Restrepo, que impregnaron su pensamiento y praxis durante toda su vida, desde que conoció y adhirió a  los valores fundamentales del cristianismo, y que inspiraron, también su legado político: el Frente Unido del Pueblo,  y su legado histórico de guerrillero, que lo llevó a la lucha armada como  única forma que consideraba eficaz para acabar con la violencia estatal.

La consigna del amor eficaz la adoptó Camilo habiendo escuchado la predicación de unos padres dominicos  franceses, entre otros, Gabriel M. Blanchet O.P. y Juan Bautista Nielly O.P. en Bogotá en 1947, cuando iniciaba su vida universitaria. Allí comprendió que era esencial para ser auténtico cristiano asumir el compromiso del amor al prójimo, no por simple compasión, sino en busca de la eficacia, en una opción por los más pobres, sin quedarse en abstracciones. Este es un momento crucial en la vida   de Camilo, cuando tomó la decisión de dedicarse de tiempo completo a este ideal, para lo cual ingresó al seminario mayor de Bogotá, donde recibió la ordenación sacerdotal en 1954.

Sin embargo,  cabe señalar que no necesariamente tenía que escoger la vida religiosa; su opción igualmente válida hubiera sido optar por el matrimonio con su novia, comprometiéndose a practicar en pareja el amor eficaz, lo que lo hubiera llevado tempranamente al campo político y a la posible conformación de un Frente Unido del Pueblo.

Hago esta reflexión para animar a jóvenes a construir su proyecto de vida en la modalidad que elijan, bajo la consigna del amor eficaz, un primer ejemplo de la actualidad del legado de Camilo para la construcción de una sociedad justa y equitativa de la que resulte la deseada paz.

Obviamente su legado político es hoy de acuciante actualidad para la implementación de los acuerdos de las mesas de paz. Lo mismo que su legado revolucionario, esta vez llevado a la práctica sin las armas,  que  conserva  total actualidad,  para proseguir la lucha con  la palabra a través de la política, fruto de los acuerdos en los Diálogos de Paz. Recordemos que desde el siglo pasado Fidel venía recomendando  “Digamos adiós a las armas y consagrémonos al desarrollo”. Lo proclamó   en la ONU en 1978;  hoy las Farc cambian las armas por la política como resultado de diálogos de paz en Colombia.

El amor eficaz marcó no solo el paso de Camilo, del sacerdocio a la militancia política; del compromiso religioso, al compromiso social y político; de las ataduras institucionales y el sometimiento al ejercicio de la libertad, como se ha escrito, sino desde el momento mismo de su conversión a un cristianismo verdadero, previo al sacerdocio.

Para Camilo la primacía de la caridad eficaz fue el núcleo esencial de sus  opciones fundamentales; llegó a sostener que todo cristiano debe ser revolucionario y a comprometerse en un cambio de estructuras de hechura  socialista en la creación y distribución de riqueza, de poder y de cuidado de la naturaleza.

Camilo lo tenía muy claro: “Yo opté por el cristianismo por considerar que en él encontraba la forma más pura de servir a mi prójimo. Como sociólogo he querido que este amor se vuelva eficaz, mediante la técnica y la ciencia; al analizar la so­ciedad colombiana, me he dado cuenta de la necesidad de una revolu­ción para poder dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al desnudo y realizar el bienestar de las mayorías de nuestro pueblo.”

En este contexto  Camilo se aparta de una acción social asisten­cialista y conformista con las estructuras injustas y propone una de cambios profundos en las actitudes, en el pensar y en el obrar social de las personas con miras a transformar esas estructuras. Eso es lo que se espera de la implementación de los acuerdos de las mesas de paz, para lo cual el pensamiento de Camilo tiene toda la actualidad, lo mismo que el de Jorge Eliécer Gaitán.

Camilo propuso una espiritualidad de compromiso social como ineludible exigencia del amor específicamente cristiano y apli­có al ámbito macrosocial de su país la doctrina cristiana del amor, que muchos han reducido al simple nivel personal. Hoy este mismo planteamiento adquiere una dimensión planetaria. Planteó así una teología del amor revolucionario, que se iría con­formando como componente de la Teología de la Libe­ración de la que fue pionero.

 

Sobre el concepto de paz

En verdad Camilo no estuvo obsesionado por la paz, sino por la creación de la sociedad nueva y  la construcción de justicia de la que emergería la paz verdadera.

La paz es un concepto exigente, que no se reduce a ausencia de armas; no es la paz, sino la justicia la que nos devolverá la tranquilidad; la paz está intrínsecamente ligada con la justicia social, la verdad y la equidad. En la actualidad la paz solo significa el silencio de las armas. El concepto de paz ha perdido vigencia, porque no se la asocia con justicia, sino con la firma de un acuerdo, que está impugnado por la extrema derecha.
Una paz sustentable, insisto,  no se logrará solo con acuerdos con los insurgentes armados, sino fundamentalmente erradicando la corrupción, causante de una sociedad tan inequitativa que se quiso eliminar por la vía armada. La justicia y la equidad es lo más importante para la nación, más que la paz, que es una secuela.

Es realista  señalar que el posconflicto con las FARC no ha traído  la paz general  que se celebra. Queda pendiente un post conflicto con el ELN, acabar con el paramilitarismo, cuyo auge no es una exageración, resolver las contradicciones que han surgido dentro de las Farc  con los frentes primero y séptimo en el Guaviare  y que rehúsan someterse al proceso de paz, además de frenar la criminalidad contra los activistas políticos y la violencia estatal en general.

Concluimos sugiriendo que, tanto el pensamiento, praxis y opción por los pobres con amor  eficaz, legado fundamental de Camilo, como el legado de Jorge Eliécer Gaitán, o sea la política de participación popular con acciones colectivas, que condujeron al  empoderamiento de las mujeres y los hombres del pueblo, para establecer una sociedad participativa y construir una auténtica justicia social, que estuvo a punto de hacerse realidad en la Constituyente Popular convocada a principios de 1947, inspiren al Ejército de Liberación Nacional-ELN  en sus deliberaciones de la Mesa de Paz, y a todos los que colaboren en la implementación de los acuerdos llamados de paz.

Hablemos hoy de unión a partir de la diversidad y empoderamiento del pueblo, de participación de toda la sociedad en la construcción de la nueva sociedad con la consigna de hacer eficaz el amor al prójimo.

Gustavo Pérez Ramírez

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