¡El pueblo no se rinde, carajo!


Esto es el editorial de nuestro último Boletín KairEd No. 6… descúbrelo aquí!

 

Una ola parece estar envolviendo al mundo hacia una verdad y un poder absoluto; fundamentalismos políticos-religiosos llevan a la tierra y sus habitantes a la muerte. Se trata de una alianza de extrema derecha constituida por predicadores radicales, por corporaciones y elites mundiales (megaminería, hidrocarburos, agronegocio, capital financiero, parlamentos, iglesias, medios de comunicación) quienes consideran que el mejor mundo es aquel regido por las leyes del libre mercado, la propiedad privada, los valores morales de la religión, la defensa de la familia y el matrimonio tradicional, el fortalecimiento del armamentismo y el nacionalismo.

Esta ola fundamentalista tiene rostros y nombres que la representan y la promueven desde centros de poder teóricamente democráticos de varios países de Latinoamérica y de otros continentes. Hay quienes consideran que la ola está en su altura máxima poniendo fin al “ciclo progresista” que venía desarrollándose en algunos países latinoamericanos.

Sin embargo, tal ola de oligarquía global es cuestionada y confrontada a diario en múltiples luchas y movilizaciones sociales: las mujeres que se manifestaron en contra de Trump en el mismo día de su posesión presidencial, el surgimiento de “Francia insumisa” en las pasadas elecciones, las inmensas movilizaciones contra Temer en Brasil y por las “Diretas já!”, la defensa de la educación pública en las huelgas y marchas de docentes en Argentina y Colombia, la movilización de la ciudadanía alemana contra el G-20, Monsanto y el uso del glifosato, la centralidad y preeminencia que va tomando la defensa de los derechos de la madre tierra, las movilizaciones “Ni una más” contra los feminicidios en Argentina y México, el triunfo de la consulta popular en Cajamarca (Tolima) en donde ganó mayoritariamente el “Sí a la vida, no a la mina!” con lo que impulsó muchas otras en el país, el paro cívico de Chocó y el levantamiento de Buenaventura de donde surge el clamor afro: “El pueblo no se rinde, carajo!”… para mencionar solo algunas de las luchas anti-sistémicas.

Este escenario de la indignación organizada desde los territorios tiende a confluir con las crecientes iniciativas anti-corrupción, con el proceso de implementación del acuerdo de paz y la consiguiente reincorporación de los excombatientes, con la red de lugares de la memoria, con las diversas experiencias de poder popular y local, etc. , dinámica que ojalá nos ayude a sacar al país, poco a poco, de la polarización Santos-Uribe y abrir un “boquete” favorable a la nueva cultura de justicia, paz, perdón y reconciliación. En esta perspectiva podríamos ubicar la próxima visita del Papa Francisco a Colombia, como aliento a las víctimas pero a la vez como interpelación profética que nos ayude a dar pasos hacia una sociedad justa, equitativa, solidaria y acogedora de la diversidad. Camino, que en lo sucesivo, no podemos dejar de trabajar.

Fernando Torres Millán

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