Recital de poesía “Descanso de la tierra”


RECITAL DE POESÍA

Descanso de la Tierra

01 Octubre de 2020

 

lo que brilla con luz propia nadie

lo puede apagar, su brillo puede,

alcanzar la oscuridad de otras costas

  • Canción por la unidad de Latinoamérica

Introducción

En el marco de la celebración de la Semana del Tiempo de la Creación nos reunimos junto con otras organizaciones el Semillero Pensamiento Social de la Iglesia y el Aguapanelazo América, para dar un espacio a la creación artística en torno al descanso de la tierra. Este evento estuvo marcado por tres momentos fundamentales. Primero, un homenaje a Pedro Casaldáliga, a su vida, a su obra y a su legado en torno al cuidado de la casa común. Monseñor Pedro Casaldáliga, un escritor y poeta; un defensor de los pueblos originarios de la Amazonia; un animador de las búsquedas por cuidar el planeta: una vela encendida que se consumió en opción por el cuidado de la creación y de los pobres.

A continuación, se dio paso a la lectura de Abel Hoyos Salazar y Cruz e Souza, poetas desde y para la Amazonia. Este acercamiento artístico desde las letras, nos permite entrever la grandeza de un territorio que clama, que siente, pero que también, resiste. Aquella Amazonia solitaria, del poema de Jorge Vega Márquez citada por el Papa en la Querida Amazonia, es traída a nosotros desde sus ríos, flores y pájaros, desde sus rostros, amores y luchas para que juntos leamos su grito de conciencia, su memoria viva, pero sobre todo su espíritu de comunión humana: la vida es un camino de encuentro con toda la creación.

Finalmente, a partir de esta reflexión dimos paso al tercer momento denominado Tiempo de la Creación: una experiencia poética del descanso de la Tierra en el cual, desde la poesía, se propició un encuentro con el otro: su reconocimiento y valor. La poesía es ante todo un dialogo libre que se abre ante la sensibilidad del otro y que mediante palabras nos acerca a caminos de esperanza, reconciliación y fe. A continuación, algunos de los poemas inéditos declamados durante el Recital de Poesía: descanso de la Tierra: Oda a la Natura de Andrés Felipe Lasprilla; En tu vientre amada Amazonía de Salvador Medina; Suspira, Querida… de Adrián Méndez, Libertad de Jhonathan Acuña y la intervención musical de la Hermana Paula Andrea Jaramillo, la trovadora del evangelio.

Laura Sofía Zamora Hernández

Estudiante de Literatura y Teología, Pontificia Universidad Javeriana

 

 

ODA A LA NATURA

De Andrés Felipe Lasprilla

¿Quién observa el esplendor de lo ordinario?

¿Quién oye el canto del horizonte que grita extraordinario?

Grita cuanto hemos relegado, cuanto hemos postergado.

Grita la ceguera del que mira con afanes.

Hombres que caminan por senderos redimidos.

Hombres que dilatan el abismo de los valles.

Paramo sin nombre, flor que se marchita.

Identidad perdida por aquellos que olvidaron.

Ven hacia nosotros brisa de los vientos.

Derriba los esbozos de nuestra piedra que palpita.

Acarícianos con la ternura del soneto de las aguas.

Y muéstranos de nuevo que tierra somos y tierra aramos.

Astros ancestrales que hablan sin idioma.

Reciten nuevamente, quien crea, quien transforma.

Volcanes que divisan de sus alturas, formas.

Enseñen que en lo alto, el creador se asoma.

Y tu que nos creaste con moldes exclusivos.

Moldea nuevamente nuestro corazón tardío.

Para que pueda amarte en noche, día y tarde.

Y así cantar con todo, ¡qué bueno es tu arte!

 

En tu vientre amada Amazonía

Salvador Medina

Hoy vuelve a mi memoria cordial el rio, la selva y la embarcación,

esa casa grande, de tablas feamente pintadas, con mesas, bares, literas y bodegas

viaje de la vida, entre la aurora y el ocaso, tiempo de rutinas y novedades juninas,

danzando con San Juan, la “querida Amazonia” y sus habitantes multicolores.

 

Experiencia con sabor a miel de abeja, en proceso de extinción,

¡Increíble que las abejitas ya no sirvan ni para la polinización!

Quemadas sus colmenas y cocinadas sus vidas, en fogatas divertidas,

asolado su territorio, con avaricia y explotación, por una economía sin corazón.

 

En la inmensa bóveda, revestida de mantos azules, rojizos y blancos,

la proa indica el Cirio de Belén, mientras mis ojos enfocan las cataratas de Iguazú,

la popa despide la hermana Leticia, mientras mi corazón suspira por la Indiana peruana.

A la izquierda, la broa dibuja el baño, entre proa y popa, de la verde oscura madre terrana.

 

La alegre danza de la vida avanza, al ritmo de sincrónicas polifonías,

mezcla de bajos y tenores, entre pájaros, micos, bufeos colorados y motores.

La humanidad atenta, de puerto en puerto, sale y entra, sonriente y mal encarada,

la embarcación se llena de ilusiones y necesidades, se vacía de frustraciones y realidades.

 

Las comunidades ribereñas celebran, con contenida espera, la llegada,

mientras los pueblos nativos, permanecen desconocidos y escondidos.

Los turistas, colonos y misioneros, avanzan en sus hamacas colgadas del aire,

las aguas amarillentas se juntan con las negras y caudalosas van hacia la sal.

 

Llegamos al final de la primera etapa: unos se quedan y otros seguirán

por el Solimões hacia el pacífico mar o por el Madeira hacia la energizada capital.

Otras etapas vendrán para colonos y nativos, antes de la meta final,

todos navegantes interconectados y comprometidos con la “ecología integral”.

 

Suspira, Querida…

Adrián Méndez

Ya no se inspiran en ella las sin iguales hecatombes literarias que en antaño provocaban sonrisas, bailes y cantares; la claridad de las lágrimas que solían reposar en el cauce de sus ojos, ahora salen no con un tinte de padecimiento, sino con un crudo hedor que acalla la vida.

Un epitafio no será suficiente cuando esta barbarie haya terminado, han sido miles los lamentos, millones los pies de rodillas al suelo clamando e infinidades de corazones que en vano añoran un tiempo que ha pasado. Así que no, no escribiremos en mármol un sentimiento que no ha sido pensado.

Lo haremos a la antigua, no con un canto, ni un verso mal rimado, sino con un saludo y un buen apretón de manos, a la forma de ser que tanto ignoramos y que, en definitiva, mucho daño nos podría haber ahorrado, para seguir luchando por una Amazonía que suspira entre tanto llanto.

 

¿Libertad?

Jonathan Acuña Paula

Es la que canta un ave al poder volar,

es la sonrisa del niño al poder jugar,

es la satisfacción del hombre al poder laburar.

 

¿Libertad?

Es la tranquilidad de la madre que tiene con que alimentar,

es la utopía del joven que puede estudiar,

es la tranquilidad del anciano que sin miedos y desolaciones puede morir en libertad.

 

¿Libertad?

Es la que hay que cantar cuando hambre no haya más,

es la que hay que gritar cuando el empobrecimiento no crezca más,

es la que la Misión – Consolación busca celebrar al partir el pan.

 

¿Y a ti qué no te deja vivir en LIBERTAD?

 

 

Intervención musical de la Hermana Paula Andrea Jaramillo, video.

 

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